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Educación emocional · Familias

Cuando el mundo se mueve: cómo hablar con los niños después de un terremoto

Una guía breve para explicar lo ocurrido sin aumentar el miedo, reconocer cuándo un niño necesita más apoyo y acompañar a las familias afectadas más allá de los primeros días.

El 10 de agosto de 2026, a las 7:34 de la mañana, un terremoto de magnitud 7,4 sacudió a Colombia. El Servicio Geológico Colombiano ubicó su origen cerca de San José del Palmar, Chocó. Para muchas familias, fueron segundos que cambiaron la manera de sentir la casa, la calle y hasta los sonidos cotidianos.

En los niños, el temblor puede terminar antes que el miedo. A veces aparece en palabras; otras, en el cuerpo o la conducta: no querer separarse del cuidador, volver a pedir ayuda para tareas ya aprendidas, tener pesadillas, dolor de estómago, dificultad para concentrarse o irritabilidad.

La Red Nacional para el Estrés Traumático Infantil explica que las reacciones cambian según la edad y el desarrollo. No todos los niños reaccionarán igual, ni toda reacción intensa significa que exista un trastorno.

La pregunta no es cómo lograr que olviden. Es cómo ayudarles a recuperar seguridad, palabra y confianza.

Primero: que el adulto también pueda respirar

Antes de explicar, detente. Respira, busca información confirmada y reconoce qué estás sintiendo. Los niños leen el tono, la prisa y el cuerpo de los adultos incluso antes de entender sus palabras.

No necesitas parecer invulnerable. Puedes decir: “Yo también me asusté. Ahora estamos juntos y vamos a revisar qué necesitamos hacer.” Esa frase no niega el miedo, pero devuelve algo de control.

La guía de primeros auxilios psicológicos de la OMS propone una ayuda humana, práctica y respetuosa de la dignidad y las capacidades de cada persona. Acompañar no es obligar a hablar ni encontrar una frase perfecta. Es ofrecer seguridad, escuchar y ayudar con necesidades concretas.

Seis herramientas para hablar con los niños

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Empieza por preguntar

Antes de dar una explicación larga, pregunta: “¿Qué viste o qué escuchaste?” y “¿Qué es lo que más te preocupa?” Esto permite corregir rumores y evita responder preguntas que el niño todavía no está haciendo.

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Di la verdad en palabras que pueda comprender

No prometas que nunca volverá a temblar. Es mejor explicar que los terremotos pueden repetirse y que existen formas de prepararse.

  • Niños pequeños: “La tierra se movió. Ahora estamos juntos y los adultos están revisando que este lugar sea seguro.”
  • Edad escolar: “Fue un terremoto. Puede haber otros movimientos más pequeños. Vamos a practicar qué hacer para cuidarnos.”
  • Adolescentes: “No tengo todas las respuestas. Podemos revisar juntos una fuente oficial y preparar un plan.”
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Valida el miedo sin hacerlo crecer

Evita “no pasó nada”, “ya eres grande” o “tienes que ser fuerte”. Prueba con: “Tiene sentido que ese ruido te asuste después de lo que pasó” o “Puedes contarme cuando quieras; no tienes que hacerlo ahora.”

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Reduce la repetición de imágenes y rumores

Ver una y otra vez videos de edificios dañados, personas heridas o mensajes alarmistas puede hacer que el peligro parezca presente todo el tiempo. Limita las noticias frente a los más pequeños y revisa con los mayores qué fuentes son confiables.

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Devuelve pequeñas certezas

Las rutinas sencillas ayudan: comer a horas parecidas, anticipar quién recogerá al niño, mantener el momento de dormir y avisar cuando un plan cambie. El juego, el dibujo, el movimiento y los cuentos permiten expresar lo que todavía no se puede decir con claridad.

Si la familia vive la fe como fuente de consuelo, puede ofrecer una oración o un momento espiritual, siempre como invitación y nunca como obligación.

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Hagan un plan juntos

Prepararse no es vivir con miedo. Identifiquen un lugar seguro, un punto de encuentro, contactos familiares y una pequeña mochila de emergencia. Practicar el plan con calma ayuda a transformar parte de la impotencia en una acción posible. Para datos sobre sismos y réplicas, consulta al Servicio Geológico Colombiano.

¿Cuándo conviene buscar ayuda profesional?

Después de una experiencia fuerte pueden aparecer miedo, llanto, irritabilidad, pesadillas, necesidad de estar más cerca del cuidador o dificultad para concentrarse. Observa si estas reacciones disminuyen con seguridad, descanso y acompañamiento.

Busca orientación de un profesional de salud mental infantil si las reacciones son muy intensas, empeoran, se mantienen o interfieren con el sueño, el colegio, el juego y las relaciones.

También si aparecen aislamiento marcado, agresividad peligrosa, conductas de riesgo o expresiones de querer hacerse daño o no querer vivir. En estas últimas situaciones, busca ayuda de emergencia de inmediato y no dejes al niño o adolescente solo.

Esta guía orienta, pero no sustituye una valoración profesional.

Ayudar cuando las cámaras ya se fueron

Una emergencia suele movilizar una gran ola de solidaridad. El reto viene después, cuando baja la atención, pero las familias siguen reconstruyendo su vida. Acompañar es permanecer.

  1. Verifica las necesidades con autoridades y organizaciones que estén en el territorio. No supongas qué hace falta.
  2. Si los mercados funcionan, prioriza aportes económicos por canales verificados: permiten responder a necesidades cambiantes y comprar localmente. Si las autoridades solicitan bienes concretos, respeta exactamente la lista, el punto de entrega y el plazo. Los objetos no pedidos pueden convertirse en una carga.
  3. Elige una ayuda que puedas sostener: hoy, dentro de un mes y dentro de tres meses. Pon las fechas en el calendario.
  4. Apoya a organizaciones locales que ya conocen a las familias y pueden dar continuidad.
  5. No compartas rostros, nombres ni historias de niños afectados sin consentimiento. La dignidad no se suspende durante una emergencia.
  6. Pregunta antes de intervenir: “¿Qué necesitan ahora?”. La ayuda útil escucha antes de actuar.

Lo que un niño necesita recordar

“Si vuelve a pasar, no tendrás que enfrentarlo solo. Tenemos un plan. Puedes decirnos lo que sientes. Vamos a buscar ayuda cuando la necesitemos.”

La vida puede cambiar en segundos, pero el cuidado se construye después, con presencia repetida, información responsable y personas que deciden no olvidar.

Guarda esta guía, compártela con otro cuidador y vuelve a preguntar por las familias afectadas cuando la emergencia deje de ser noticia.

Fuentes consultadas

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