En Colombia, la Navidad empieza a sentirse muy pronto. Desde noviembre, las casas se llenan de luces y las familias comienzan a prepararse para esa época tan esperada. Es el momento de las novenas, de los villancicos y de esos abrazos con seres queridos que, por el afán del trabajo y las ocupaciones, no vemos tan a menudo. Para cualquier niño, estos días son mágicos: escribir la carta al Niño Dios, armar el pesebre y disfrutar de las comidas ricas son recuerdos que se atesoran para siempre, incluso cuando nos hacemos mayores.
Sin embargo, somos conscientes de que lo que para muchos son fechas maravillosas, para otras familias son días muy dolorosos. Es la realidad de nuestros niños y sus padres, que a menudo deben vivir estas fiestas entre tratamientos y paredes de hospital.
Por eso, este año nos propusimos que, por unos días, esa realidad cambiara. Siempre bajo la prudencia y las indicaciones médicas, decidimos que la Navidad se viviera en otro escenario. Y lo logramos gracias a ti.
Cuando el diagnóstico ocupa todo el espacio, la infancia se reduce
El cáncer infantil es una realidad global que exige más que medicina: exige humanidad. Cada año, 400.000 niños y adolescentes desarrollan cáncer en el mundo, y la brecha de supervivencia es enorme.
En Colombia, nos enfrentamos a desafíos críticos que hacen que recibir apoyo sea vital:
- Magnitud local: cada año se registran más de 2.000 casos nuevos y la tasa de supervivencia nacional ronda el 60%.
- Falla sistémica: Solo 9 de las 71 instituciones oncológicas pediátricas garantizan una atención integral. Además, menos del 40% de los hospitales cuentan con servicios de apoyo psicosocial integrados.
Acompañar no es un “extra” emocional; es parte del cuidado integral porque, cuando una familia atraviesa tratamiento tras tratamiento, no solo se agota el cuerpo, se agota la esperanza.
Un reto logístico, una victoria del corazón
Llevar a un grupo tan numeroso lejos de casa requirió un rigor inmenso, pero ver el resultado hizo que cada minuto valiera la pena.
Gracias a personas como tú, que creen que lo imposible puede ser posible, logramos que 143 personas vivieran una experiencia que atesorarán para siempre en su corazón.
Es increíble cómo los niños no desperdician ni un segundo. Lo viven todo al máximo, con una felicidad que te deja agotado, pero con el corazón lleno. Cruzar ese puente hacia el parque fue reafirmar que siempre hay un camino hacia la esperanza. Entre atracciones, cada grito fue de emoción, no de dolor; y cada risa, una victoria.
Cartas que abrazan el alma
Bailamos, compartimos la mesa y celebramos la vida. Pero el momento más humano ocurrió en la intimidad de las habitaciones, donde a cada niño, madre y voluntario los esperaba una carta. Ese gesto les recordó lo esencial: “Tu vida importa. No estás solo”.
Eran mensajes que los llamaban por su nombre, que les recordaban que su historia resuena más allá de las paredes de su corazón y que aquello que viven tiene un propósito que traspasa su propia historia.
Un regalo para ti: "Kit de Bienestar" inspirado en nuestros niños
No queremos que este artículo sea solo una crónica; queremos que te lleves algo de valor para tu propia vida. Estos 73 niños nos dieron una lección de sabiduría en el Parque del Café que hoy compartimos contigo:
- Presencia plena: los niños en el viaje no pensaban en el tratamiento de mañana, sino en la atracción de ahora. ¿Has pensado en el tiempo que te roba el celular? Intenta hoy dedicar 10 minutos a una actividad sin pantallas. Reemplázalo por un instante en familia o un espacio de autocuidado.
- El poder de la palabra: vimos cómo una carta en la habitación cambiaba el semblante de una madre agotada. La ciencia respalda este sentimiento: estudios de la Universidad de California, Berkeley, demuestran que la gratitud activa la corteza prefrontal medial del cerebro, liberando dopamina y serotonina. Escribe hoy un mensaje de agradecimiento a alguien; el impacto en tu propia felicidad será inmediato.
- La resiliencia compartida: Nada de esto se logró solo. Cuando te sientas abrumado, recuerda que pedir ayuda y construir comunidad es lo que nos hace fuertes.
Este viaje al Parque del Café nos enseñó que la esperanza no es un evento de una vez al año, sino un estado que se cultiva día a día. Queremos que te sientas parte de esta historia, no solo por lo que haces posible con tu apoyo, sino por lo que compartimos como comunidad que cree en la vida.
Si en algún momento sientes que quieres que este bienestar y este impacto sean parte de tu rutina mensual, nuestra puerta siempre está abierta. Mientras tanto, nos hace felices saber que hoy caminas con nosotros.