¿Qué está pasando con nuestros niños?

Cuando olvidamos lo que significa ser niño, toda la sociedad pierde algo esencial. Hay preguntas que no deberían dejarnos indiferentes. Vivimos en una época en la que las noticias sobre violencia, abuso, abandono, problemas de salud mental y otras formas de sufrimiento infantil parecen multiplicarse cada día. Historias que nos conmueven, nos indignan y nos dejan con la sensación de que algo está ocurriendo en el interior de las personas y que realmente no son conscientes.. Pero más allá de los titulares y las estadísticas, existe una pregunta aún más importante. ¿Hemos olvidado lo que significa ser niño? Porque un niño no es simplemente una persona pequeña. Es un ser humano en pleno desarrollo, alguien que está aprendiendo a confiar, a amar, a relacionarse con los demás y a descubrir quién es. Su manera de comprender el mundo, de afrontar las dificultades y de construir su identidad se forma a través de las experiencias que vive y de las personas que lo acompañan. La infancia no es una sala de espera para la vida adulta A veces hablamos de la infancia como si fuera simplemente una etapa de transición. Como si los niños fueran adultos en construcción y lo verdaderamente importante comenzara más adelante. Sin embargo, la realidad es muy distinta. Es durante estos primeros años cuando se construyen muchas de las bases que acompañarán a una persona durante toda su vida: la autoestima, la forma de afrontar las dificultades e incluso la percepción que tendrá de sí misma y del mundo. La ciencia ha demostrado que durante la niñez el cerebro experimenta uno de los procesos de desarrollo más extraordinarios de toda la vida. Millones de conexiones neuronales se crean a partir de las experiencias, los vínculos y el entorno que rodea al niño. Pero más allá de lo que dicen los estudios, hay una verdad que todos intuimos. Un niño necesita sentirse amado, saber que alguien lo protege. Necesita jugar, explorar, hacer preguntas, equivocarse y descubrir el mundo con la tranquilidad de saber que esta a salvo. Por eso la infancia no debería medirse únicamente por el crecimiento físico o por los logros académicos. Todo adulto fue alguna vez un niño. Y muchas de las heridas, fortalezas, miedos y certezas que nos acompañan hoy comenzaron a construirse en aquellos primeros años que solemos llamar infancia. ¿Estamos ofreciendo a nuestros niños las condiciones que necesitan para crecer de forma segura, saludable y plena? En Colombia, las cifras reflejan una realidad que no podemos ignorar. Según registros del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF), cerca del 59 % de los casos reportados de maltrato infantil afectan a niños entre los 0 y los 5 años, precisamente la etapa más sensible y determinante del desarrollo humano. Niños que deberían estar descubriendo el mundo a través del juego, pero que crecen rodeados de miedo, que deberían sentirse protegidos, pero que experimentan abandono o violenci, que deberían aprender a confiar, pero que demasiado pronto descubren el dolor de la indiferencia o el rechazo. La realidad se vuelve aún más compleja cuando observamos otros factores que afectan a la niñez: el reclutamiento de menores por grupos armados, la violencia intrafamiliar, la pobreza, las dificultades de salud mental, el aislamiento social y la ausencia de redes de apoyo para muchas familias. A esto se suma un fenómeno silencioso que muchas veces pasa desapercibido: la normalización de ciertas formas de violencia. Durante años, prácticas como el castigo físico fueron vistas por muchos adultos como herramientas legítimas de crianza. Sin embargo, hoy sabemos que la violencia nunca educa sin dejar huellas. Cuando una sociedad comienza a considerar normales aquellas situaciones que dañan a sus niños, el problema deja de ser únicamente infantil. Se convierte en un problema de todos. Porque la forma en que tratamos a nuestros niños revela quiénes somos como sociedad y qué futuro estamos construyendo. Incluso Dios quiso tener una infancia Desde la fe cristiana existe una verdad tan sencilla como extraordinaria: Dios quiso venir al mundo como un niño. Pudo haber elegido cualquier otro camino. Sin embargo, quiso experimentar la fragilidad de la infancia. Quiso necesitar cuidados, protección, alimento, afecto y compañía. Y para ello quiso una madre y quiso un padre. María y José no fueron un detalle secundario en la historia de la salvación. Fueron parte del plan de Dios para cuidar y acompañar a Jesús durante sus primeros años de vida. En el hogar de Nazaret, Jesús encontró aquello que todo niño necesita para crecer: amor, seguridad, presencia, guía, protección y pertenencia. María le enseñó la ternura de una madre que acoge, escucha y permanece. José le ofreció la fortaleza serena de quien protege, trabaja y acompaña silenciosamente. Juntos crearon un hogar donde el Niño Jesús pudo crecer «en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y ante los hombres» (Lc 2,52). Resulta asombroso pensar que el mismo Dios, que sostiene el universo entero, quiso confiar la infancia de su Hijo a una familia. Quizás porque la infancia nunca fue algo secundario para Dios. Y quizás porque la forma en que cuidamos a nuestros niños revela cuánto comprendemos el valor de la vida humana. En un tiempo en el que tantos niños enfrentan violencia, abandono, enfermedad, soledad o incertidumbre, la Sagrada Familia nos recuerda una verdad que sigue siendo urgente: ningún niño debería crecer sin amor, sin protección y sin esperanza. Porque defender la infancia no es solamente una tarea social. Es también una responsabilidad profundamente humana y de nuestra vocación como hijos de Dios.
8 años abrazando la esperanza: 2.800 niños que nos enseñaron el verdadero significado de vivir

Hace poco estaba viendo la galería de fotos de mi celular. Entre imágenes de hospitales, abrazos, viajes, sonrisas, lágrimas y pequeños milagros cotidianos, entendí algo que todavía me cuesta dimensionar: en estos 8 años, Dios nos ha permitido acompañar a más de 2.800 niños y sus familias en medio de una de las batallas más difíciles que puede existir. Cada niño llegó con su propia historia de luces y sombras. Algunos llegaron en medio del miedo de un diagnóstico inesperado. Otros, después de una recaída que parecía derrumbarlo todo. Algunos llegaron cansados de hospitales y tratamientos interminables. Y otros llegaron simplemente necesitando volver a sentirse niños. Porque cuando una enfermedad toca a un niño, no solo toca su cuerpo. También toca los sueños de toda una familia. Y justamente ahí, en esos momentos donde más se necesita esperanza, hemos querido estar presentes. Acompañando a una madre mientras recibe una noticia que le cambia la vida en segundos.Acompañando a un niño durante una quimioterapia para que se sienta amado, visto y abrazado.Acompañando a quienes llevan meses sin poder comer aquello que tanto anhelan, hasta verlos sonreír nuevamente con ese pequeño “capricho” que para ellos significa muchísimo más que una comida.Acompañando a niños que por primera vez conocen el mar y descubren que todavía existen razones para soñar. Y créanme… cuando ves a un niño tocar el mar por primera vez, entiendes muchas cosas. Entiendes que incluso en medio de las cruces más difíciles, Dios sigue permitiendo milagros.Entiendes que la esperanza sí transforma vidas.Entiendes que un momento de felicidad puede darle fuerza a una familia para seguir luchando. TU ERES UN HÉROE DE CAPA INVISIBLE Pero esta historia no la hemos escrito solos. Hoy queremos darte las gracias a ti. Sí, a ti que has donado.A ti que has compartido una publicación.A ti que has orado.A ti que has corrido con nosotros.A ti que has dicho “sí” cuando un niño necesitaba apoyo. Porque aunque a veces puedas pensar que tu aporte es pequeño, quiero prometerte algo:en sus vidas se nota muchísimo. También sería deshonesto hablar de estos 8 años sin reconocer que hemos vivido despedidas muy dolorosas. Algunos de nuestros niños ya no están físicamente con nosotros. Y no existen palabras suficientes para explicar la impotencia y el dolor que sentimos con cada partida. Hay vacíos que simplemente aprenden a convivir dentro del corazón. Pero incluso en medio del duelo, nos abraza una esperanza profunda: la vida eterna. Creemos con el alma que algún día volveremos a encontrarnos. Y mientras tanto, ellos siguen dejando huellas invisibles de amor, fuerza y fe en quienes continúan el camino. Si algo nos han enseñado estos 8 años es que la vida puede cambiar en un segundo. Por eso, darse la oportunidad de vivir, amar y soñar nunca debe aplazarse.Porque cuando existe esperanza, existe vida. Nuestra historia de los próximos 8 años comienza hoy y queremos escribirla contigo.
Fundación Abraza un Sueño, Mejor ONG de Colombia 2025

Un premio a la gestión con alma, transparencia y propósito Una historia que comenzó con un sueño Todo comenzó con Davielys, una niña venezolana que enfrentaba el cáncer sin acceso a tratamiento. Antes de partir, expresó un deseo claro, me dijo Cami:«Crea una fundación y ayuda a otros niños que como yo luchan contra el cáncer.» Ese deseo se convirtió en misión. Y esa misión, en acción. Así nació la Fundación Abraza un Sueño (FAUS), una organización que acompaña a niñas, niños y adolescentes con enfermedades graves que amenazan su vida. Lo hacemos a través del cumplimiento de sueños y de un acompañamiento integral en los aspectos bio, psico, social y espiritual en cada etapa del proceso. Hoy, acompañamos a más de 200 niños y sus familias. La Mejor ONG de Colombia en 2025 El pasado 11 de julio, hemos sido reconocidos como la Mejor ONG de Colombia en la primera edición del Premio Mejores ONG´s. Este premio, impulsado por Afrus y Certificadora Social con el apoyo de Giving Tuesday Colombia y otros aliados, reconoce a las organizaciones que no solo trabajan con impacto, sino que también gestionan con excelencia, ética y transparencia. Hemos sido seleccionados entre 134 organizaciones postuladas. Cinco organizaciones llegaron a ser los finalistas, y el jurado decidió conceder el premio a la mejor a: la Fundación Abraza un Sueño. ¿Qué es el Premio Mejores ONGs? El Premio Mejores ONGs tiene como misión reconocer y dar a conocer a las organizaciones sociales de Colombia que más se destacan anualmente por su excelencia en: Estrategia de Causa y Acción Representación y Responsabilidad Gestión y Planificación Estrategia de Financiamiento Comunicación y Rendición de Cuentas Lo que hemos construido juntos Este premio valida el trabajo de cientos de personas que hacen parte de FAUS: familias, padrinos, voluntarios, donantes, profesionales de la salud y aliados que creen en nuestra visión. Entre nuestros logros: +1.150 sueños cumplidos, transformados en momentos terapéuticos y memorables para los niños. 218 niños acompañados en 2024 (acumulado desde 2018: más de 800 niños) 860 personas beneficiadas de forma directa e indirecta con nuestros programas Servicios ofrecidos: 7.217 almuerzos, 1.127 servicios de transporte, 794 terapias psicológicas, 286 mercados, 200 kits de aseo, 540 kits escolares, 36 kits de bienvenida y 74 formaciones Villa Esperanza, nuestra casa para niños en tratamiento, ofrece terapias, hospedaje, actividades de conexión con la naturaleza y bienestar integral Programa de madres cuidadoras: 19 madres activas 31 talleres de emprendimiento 64 personas beneficiadas Alianzas clave con hospitales como el Instituto Nacional de Cancerología y HOMI. Nuestros programas: un acompañamiento que transforma Cumplimiento de Sueños Cumplir un sueño no es un lujo. Es parte esencial del tratamiento integral. En FAUS, diseñamos experiencias transformadoras: Súper Estrellas: conocer a un ídolo o figura inspiradora Grandes Tesoros: recibir un objeto o regalo muy significativo Grandes Cerebritos: acceder a una experiencia educativa especial Happy Party: celebrar la vida a través de una fiesta inolvidable. Aventuras: Los sueños Aventura no se limitan a llevar a un niño fuera del hospital. Son experiencias diseñadas cuidadosamente con un enfoque terapéutico integral. Cada una de ellas incluye: Momentos de conexión emocional, donde el niño puede expresar lo que siente, teme o desea Actividades en la naturaleza, para reconectar con su cuerpo, sus sentidos y el asombro Talleres simbólicos que les ayudan a resignificar su experiencia de enfermedad Espacios de espiritualidad, donde encuentran consuelo, fe o silencio sanador Estimulación cognitiva y creativa, para que puedan descubrir nuevas capacidades más allá del diagnóstico Programa Ángel, siempre a tu ladoPrograma de atención integral para niños con enfermedades graves y sus familias. Incluye apoyo en alimentación, transporte para que los niños puedan recibir sus tratamientos médicos y controles, contención emocional , apoyo espiritual y asesoría social. Musicoterapia de SentidoLa música como herramienta de sanación emocional. Creando espacios terapéuticos se crea conexión, expresión y propósito. Educación y continuidadRefuerzo escolar y estimulación cognitiva para garantizar el derecho a aprender, incluso durante el tratamiento médico. Emprendimiento para madres cuidadorasCapacitación, acompañamiento y promoción de pequeños emprendimientos para fortalecer el rol económico y emocional de las madres que acompañan a sus hijos y no se pueden permitir un trabajo a tiempo completo. Porque no solo ayudamos. Acompañamos con sentido El premio recibido no es un punto de llegada. Es una nueva responsabilidad. Nos recuerda que acompañar no es solo estar presentes, sino caminar con amor, con orden, con propósito. Que la transparencia y la buena gestión no están reñidas con la ternura. Y que una fundación puede abrazar sueños… y hacerlo bien. ¿te gustaria ser parte de nuestra familia abraza un sueño? Hoy, te invitamos a ser parte activa de esta causa. Puedes ayudar así: Apadrinando a un niño o niña con enfermedad grave Sumándote como voluntario o voluntaria en nuestros programas Realizando una donación única o mensual Compartiendo esta historia para que más personas se unan Ingresá ahora en fundacionabrazaunsueno.com y descubre cómo puedes sumarte a esta fundación, cuyo mayor sueños es que ningún niño que atraviesa una enfermedad que pone en riesgo su vida pierda la esperanza ni la alegría de ser niño.